Ganador IX Concurso de cuento Espantos en las Bibliotecas 2016 - Categoría Adultos

Por: 

Equipo Editorial Red de Bibliotecas

El Chupatintas
 
Camilo Alexander Marín Luque
 
 
Entre los desolados pasillos de una biblioteca en ruinas rondaba el Chupatintas, una criatura que alguna vez caminó entre nosotros, pero ahora a duras penas se notaban los rasgos restantes de su humanidad escondiéndose tras una piel con textura similar al cuero, venas palpitantes por las que fluía el líquido que consumía, y sus ojos totalmente negros que mostraban abismos por los que caería cualquier persona que cometiera el error de mirar en ellos. A sus pies, cientos de libros con hojas inmaculadas, que parecían nunca haber salido impresos de su editorial, representaban el rastro de este monstruo que nunca saciará su sed de tinta. Esa biblioteca quedó vacía. Debía buscar un nuevo objetivo para su satisfacción.
 
El cazador llegó tarde de nuevo. Era difícil rastrear al Chupatintas, ya que se confunde con la negrura de la noche. Por eso es que debía andar atento a cualquier reporte sobre un libro que haya perdido su contenido, pero rara vez se habla de algo así, ya que se atribuye el hecho a la humedad o al olvido. Pocos conocen la existencia del monstruo y se muestran escépticos ante su existencia hasta que el último libro ha sido despojado de su esencia. Los Chupatintas se reproducen por aburrimiento y frustración. Funcionarios de bibliotecas poco frecuentadas comienzan a sentir que su trabajo no se valora, y que el conocimiento del que dispone el claustro en el que trabajan está siendo desperdiciado. Si dicha frustración alcanza un límite aún sin determinar con exactitud, el bibliotecario comenzará a sentir una sed de conocimiento inexplicable, la cual creerá saciar absorbiendo a través de sus dedos la tinta de los libros. Pero ésta contamina su organismo, y los transforma poco a poco en un ser de horror indescriptible que no se detiene hasta consumirlo todo, y después merodea las calles nocturnas hasta encontrar otra biblioteca que le supla de lo que ahora es su líquido vital. El monstruo despoja a los usuarios de la biblioteca de su derecho al conocimiento, por lo que debe ser detenido cuanto antes.
 
Éste Chupatintas en particular había sido bastante escurridizo. Se le escapó al cazador cuando creó una emboscada en una convención de bibliotecarios. La
frustración concentrada allí creó una horda de Chupatintas que devoraron el contenido de los libros del anfitrión de la convención en un instante, pero el cazador logró detenerlos a tiempo con lo único que puede revertir el efecto: Balas de acetona. Éstas disolverán el líquido que haya absorbido el monstruo y con suerte sólo quedarán con una herida menor. Pero uno logró escapar y había causado estragos en varias bibliotecas de la ciudad.
 
Así que cuando el cazador llegó a la biblioteca en ruinas supo que ya era demasiado tarde para el monstruo. Su transformación era irreversible. Había perdido todo rastro de humanidad, por lo que se volvería más peligroso, y a la vez menos cuidadoso. Efectivamente, alguien reportó (atribuyendo el hecho a la imaginación de la pequeña) que una criatura grotesca trató de arrebatarle un libro de cuentos a una niña en la biblioteca de su escuela, a plena luz del día. Sin embargo, aquella pista condujo a ninguna parte, y, frustrado, el cazador regresó a su casa un fin de semana, a recobrar energías y planear sus acciones de los próximos días cuando, entrada la noche, escuchó una conmoción en su biblioteca. En una coincidencia, el Chupatintas había terminado allanando el hogar de su enemigo, quien se encontraba algo desconcertado por la situación, y se aterrorizó más cuando vio a los ojos de la bestia, que recitaba pasajes literarios en su voz susurrada y cortante, Aun así, no dudó en empuñar su arma. “¿Sabes lo que estás haciendo, verdad? Le estás arrebatando los libros a las personas…”, le espetó el cazador, fingiendo valor. Pero el monstruo lo ignoró y se acercó a otro estante, en donde reposaba una valiosísima primera edición de Poe que tomó entre sus garras. “¡SUELTA EL LIBRO!”, gritó el cazador, pero al ver sus páginas abrirse entre las zarpas del Chupatintas disparó sin pensarlo, alcanzándole una pierna. El monstruo aulló como un animal herido, soltó el libro y huyó del lugar a una velocidad increíble, perdiéndose en la noche. El cazador revisó el libro y verificó que siguiera en buen estado, pero se sintió increíblemente frustrado de no haber podido atrapar a la bestia, decidido a continuar su búsqueda de aquél monstruo y de cualquier más que pudiera surgir. Y tú deberías prestarle más atención al estado de tus libros, porque el Chupatintas podría estar más cerca de lo que imaginas…
 
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