Ganador IX Concurso de cuento Espantos en las Bibliotecas 2016 - Categoría Juvenil

Por: 

Equipo Editorial Red de Bibliotecas

La biblioteca de la abuela

 

Valentina Pulgarín

 

Aún recuerdo claramente los hechos acontecidos aquella tarde; las imágenes de lo ocurrido vienen a mí de forma espontánea acompañadas de horror y tristeza. Todo comenzó hace 16 años, cuando debido a la depresión de mi madre debimos mudarnos a la casa de la abuela. A pesar de que era por el bien de mi madre yo me opuse a este cambio hasta el último momento, pues irme implicaba para mi dejar mis amigos, mi escuela, mis caminos y hasta mis recuerdos, pero mamá se mantuvo firme en su decisión y unos días después de la propuesta de mi abuela, estábamos ocupando su enorme casa en un lugar frío y distante en las afueras de la ciudad. Al ingresar a la casa percibí que un aire de tristeza invadía el ambiente de esta, pero la visión de su enorme sala, sus amplias escaleras en madera antigua y su linda cocina, opacaron aquel pensamiento, así que después de conocer el primer piso me dirigí a conocer la que sería mi habitación; subí las escaleras a toda prisa y luego me dispuse a abrir una de las tres puertas situadas en el segundo piso, a continuación me encontré con un lugar grande pero sencillo, con una cama inmensa de madera situada en el centro, había también un ventanal, pero este estaba cerrado, lo que privaba la habitación de la luz del mediodía; salí del primer cuarto y me dirigí a la segunda puerta, me encontré con una habitación dotada de características similares a la primera, pero a diferencia de la otra no tenía ventanales, salí de allí y me dirigí a la tercera puerta, abrí el recinto y me encontré ante mí una biblioteca enorme, ese lugar habitado por cientos de libros conservaba una opacidad más intensa que el resto de los espacios de la casa, lo que le otorgaba un aire de misterio, pero esta característica no fue relevante para mí, pues era más fuerte la felicidad de tener una biblioteca en casa, así que emprendí una tarea de exploración en esta y me encontré con varios libros de literatura, cuyas pastas viejas y empolvadas no impidieron que los mirara. Mientras descubría nuevos títulos pensaba en dónde estaría mi abuela, pues no la había visto desde mi llegada. Mi concentración se vio interrumpida por la voz de mi mamá quien me llamaba del primer piso, así que dejé los libros y salí del lugar, fui hasta donde mi madre y esta me dijo que ya debía irse a trabajar, me abrazo fuertemente y me pidió que terminara de desempacar mientras venía la señora que nos colaboraría con el aseo de la casa, yo asentí con la cabeza y luego le pregunté por la abuela, pues no la había visto hasta entonces

 
- Ella está en la biblioteca
- No mamá la biblioteca está sola
- Debes fijarte mejor Valentina, la biblioteca es grande. Debes buscarla bien
- Vale, ahora la busco
 
Luego abracé a mi mamá fuertemente y apenas la vi salir de la casa me dirigí nuevamente a la biblioteca. Me sorprendió encontrar la puerta cerrada pues con mi fugaz salida la había dejado abierta, pero no presté atención a este suceso y volví a entrar; mamá debió estar equivocada pues busqué a la abuela por varios espacios de la biblioteca pero esta no estaba en ese lugar, pensé entonces que quizás había salido de la casa y no nos habíamos percatado. Decidí no pensar más en esta idea y proseguí con mi búsqueda de libros, de todos aquellos uno en especial se ganó mi atención, el titulo decía: Dracula de Bram stoker y sus hojas amarillas y quebradizas me revelaron que hace mucho no había sido consultado por nadie, decidí tirarme en el suelo de la biblioteca para leerlo y sus primeras líneas me transportaron al diario de Jhonatan, uno de los principales personajes del libro. En medio de mi lectura percibí que la chapa de la biblioteca se estaba moviendo, como si alguien desde afuera estuviera intentando abrirla, finalmente la puerta se abrió y ante mi apareció la imagen de mi abuela.
 
-Menos mal viniste abuela, mamá pensaba que estabas en la biblioteca y yo ya estaba preocupada con tu ausencia.
 
Mi abuela permaneció en silencio, así que proseguí:
 
- Sabes abuela?..de todos los lugares de la casa este es mi preferido, creo que de ahora en adelante será mi refugio.
 
Mi abuela conservaba su silencio y mis palabras se vieron interrumpidas por el insistente sonido del timbre en el primer piso, ello me obligó a concluir mi elogio a la biblioteca, y en cambio le dije a la abuela:
 
- Esa debe ser la señora que nos colaborará con el aseo, voy a abrir y regreso en unos segundos.
 
Mi abuela no respondió a mis palaras, permaneció en la biblioteca en un silencio tan profundo que me sentí preocupada por ella; cuando llegué al primer piso para abrir la puerta, me encontré con que la señora que nos ayudaría con el aseo ya la había abierto y se disponía a subir al segundo piso, entonces me vi obligada a preguntarle:
 
- ¿Mi madre le dio llaves de la casa?
 
Ella no prestó atención a mis preguntas y se dirigió al segundo piso, me pareció de mal gusto este acto así que le toque el hombro para que me mirará, pero ella seguía ignorándome, luego entró a la biblioteca y le dijo a mi abuela:
 
- Disculpe doña Gloria, pensé que había dejado la copia de la llave que usted me había dado, y por eso toque el timbre con insistencia, pero luego las encontré dentro del bolso
- No te preocupes Miranda, discúlpame tú a mí por no bajar con prontitud a abrirte, pero es que sentí una presencia extraña en la biblioteca.
- Tranquila doña Gloria, más bien cuénteme ¿cómo está usted? ¿cómo siguió su hija?
- Aún no soporta la pérdida de mi nieta, le habla como si aún estuviera entre nosotros, estoy muy asustada con esta situación, no quiero perder a mi hija también.
 
Mi abuela rompió en llanto:
 
- Ya no llore más doña Gloria, verá como en algunas semanas su hija va a superar la muerte de la niña.
 
Y entonces yo recordé todo.
 
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