Segundo finalista IX Concurso de cuento Espantos en las Bibliotecas 2016 - Categoría Adultos

Por: 

Equipo Editorial Red de Bibliotecas

El niño de la Casa de la Lectura

 

Daniel Día

 

Cuando leo, las mariposas vuelan en mi mente. Emergen de mi cabeza hacia parajes innombrados, hacia lugares remotos… Quién sabe a qué distancias. Mi mente cuando leo, es un libro abierto de infinitos. El tiempo son todas las épocas que ya pasaron y las que vienen. Parece que no existiera el tiempo. Es otro vuelo el tiempo, que se va, y, luego llega, nuevo, siempre nuevo cuando leo. Es un viaje el tiempo. Nos lleva a los remotos orígenes que están más allá de las palabras escritas que leemos. O nos remonta a lugares que cobran existencia entre las páginas y la mente cuando los ojos leen y los labios los enuncian. El cuerpo levita cuando se lee. Muchos pasan sin ver a quien lee parado en alguna esquina de la indiferencia o a quien lee sentado al borde de la realidad.

Precisamente. Así he habitado esta casa. Cruzo las paredes de cuarto en cuarto. Recorro los pasillos. Me miro en las fuentes. Juego con niños y con niñas que me otorgan su edad. Aunque no ha faltado quien de pelo blanco y mirada escrutadora se pare a mirarme, a leer conmigo y se alegra de sentir como yo las mariposas en el cielo de los recuerdos. Tengo más de un siglo de ser niño. Como si cada lectura fuese un nacimiento. Alguien ha dicho que soy como un fantasma que lee. ¡Qué bueno! Porque, aunque no pueda tocarme, ha reconocido que mi cuerpo está hecho de palabras. ¡Está hecho de palabras mi cuerpo! Por eso pueden sentirme en el alborozo del antejardín, en los pasos que recorren los pasillos y suben las escaleras de caracol de mi casa, en el murmullo de sus fuentes, en los balbuceos y las risas de los infantes cuando abren los libros y construyen historias; en el abrir de puertas, en los cerrojos que también son como libros que se abren y se cierran. No se asustan por mí que soy un fantasma niño; rozo sus pupilas y las yemas de sus dedos. Cuando me sienten no se espantan, les acompaño en la curiosidad, les asisto en el asombro. Algunos pueden verme y tocarme en este cielo de estrellas que vuelan cual mariposas desde las páginas de mi libro que se nutre de silencio cuando sus ojos por mis ojos leen. Se regocijan por mi presencia como yo me regocijo cuando vienen a mi casa que está llena de fantasmas que moran en los libros. 

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