Tercer finalista IX Concurso de cuento Espantos en las Bibliotecas 2016 - Categoría Adultos

Por: 

Equipo Editorial Red de Bibliotecas

La Puerta
 
Un cuento de Hugo Mira González
 
Llegué temprano. Cerca al escritorio me incomodó ver un libro tirado en el suelo de color rojo cerezo con bordes plateados. Al abrirlo me sorprendió que no llevara título ni el nombre de quien lo escribe. Parecía una edición de lujo de esas que no se acostumbra adquirir para la biblioteca. Me entró curiosidad y avancé a la primera página: “ Nadie va a creer lo que he visto y vivido. En la parte superior de la biblioteca, en la pared donde descansa la fuente que nunca se puso en funcionamiento, hay una puerta... secreta”. Dirigí la mirada al tercer piso; ¿fuente en la parte superior?
 
Cerré el libro para atender a varias chicos que se acercaron a preguntar por las novelas fantásticas de J. K. Rowling y la trilogía distópica de Collins, les mostré en qué pasillo podían encontrar los libros, si es que todavía nos quedaba alguno sin prestar; luego continué leyendo, y aunque no se hacía mención directa a la biblioteca, alguien se tenía que haber inspirado en ella: La pared forrada de cuadros, la barandilla en madera de roble, las escaleras en caracol, y sobre todo, la fuente. No tenía duda, la historia ocurría aquí mismo. Leí un poco más. Según el protagonista, al mover uno de los ladrillos de la fuente, esta se separaba de la pared, dejando al descubierto una puerta. Adentro todo era oscuridad y el camino descendía muy por debajo de lo que debería ser el primer piso. Mencionaba además un tesoro, ¡un tesoro! —dije en voz alta— y me reí a carcajadas. Cuando llegó mi jefe tuve que dejar de leer y pegarme a la pantalla de la computadora para registrar el material que había llegado el día anterior. Era un trabajo engorroso y largo.
 
En la tarde, cuando terminé de registrar los libros, sin dudarlo cogí el libro y subí a la tercera planta. Me acerqué a la fuente, y comencé a patear los ladrillos que estaban más cerca del suelo. Aunque parecía imposible, quería salir de dudas. Cuando iba a desistir vi a la altura de mis rodillas un ladrillo de color gris como los demás, pero mucho más claro, y al empujarlo con mi mano y luego con todo mi cuerpo cedió. Para mi sorpresa, la fuente se movió y la puerta quedó al descubierto, el libro, el libro, era
verdad.
 
Un olor a humedad invadió el lugar. Saqué de mi bolsillo el celular, activé la linterna y entré con dificultad debido a la estrechez de la puerta. Comencé a caminar por un pasillo que descendía y pude escuchar como la fuente volvía a su lugar pero seguí caminando. No sé cuánto tiempo pasó, hasta que reconocí un cuarto pequeño del que salían algunos rayos dorados iluminando el pasillo. Al entrar encontré una montaña de monedas que parecían de oro y sin pensarlo me llené los bolsillos, pero cuando quise salir, frente a mí se alzaban cuatro muros altos sin ninguna abertura, negros, inmensos.
 
La montaña de monedas desapareció, y dejé de sentir el peso del metal que llevaba en los bolsillos. Grité como si estuviera cayendo a un abismo esperando que alguien me escuchara y me dejé caer al suelo. Recogí el libro, lo abrí por el final y leí: “ No encuentro la salida, la cabeza me da vueltas, ¿de dónde diablos salió este libro?...” El libro se deslizó de mi mano como un reptil que huye... en ese momento, al otro extremo de la habitación, unos ojos brillaron en medio de la oscuridad, y pude ver la silueta de una figura que no podía ser humana acercándose, escuché unos pies arrastrándose, y una voz cavernosa, como salida de ultratumba que me ordenaba: “entrégame el libro”.
 
No recuerdo nada más. Cuando desperté, estaba en el suelo del tercer piso junto a la fuente. Me despertó el sonido del celular, al meter la mano al bolsillo, había algo más, una moneda más grande de lo normal, tal vez, una moneda de oro.
 
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