Cómo narrar un crimen

Por: 

Alejandra Jaramillo


"La víctima es el escritor y el asesino la literatura", Mario Mendoza

Santiago Gamboa comenzó el conversatorio, diciendo que siempre que ha leído otros autores criminales, su mayor temor ha sido que encuentren al asesino. Afirma que por haber estudiado literatura creció entre historias desgarradoras.

A Mario Mendoza lo han marcado las aventuras de Edgar Allan Poe, considera que sus personajes son de unas complejidades extraordinarias, y le llama la atención la fascinación que describe Edgar en cada uno de sus libros.

Santiago Gamboa contó que cuando escribió,  “perder es cuestión de método”, se inspiró en la historia de drácula. Piensa que la muerte más perfecta es la instantánea, ya que no represente ningún dolor. Le aterra pensar en las masacres, y  le asombra la manera en que quedan los cuerpos después de los actos violentos.
 
Para Claudia es muy importante leer sobre medicina forense para describir de manera más exacta las muertes de los personajes de sus libros. Con una sonrisa, recuerda el momento en que fue  a una clínica para consultarle a un médico, què sucede en el cuerpo cuando alguien se electrocuta, dice que no olvida la mirada de asombro del profesional, a lo que ella respondió que era escritora y que deseaba conocer esa información para poder construir un libro criminal que tenía en mente.
 
Por otro lado, Mario Mendoza terminando su carrera de letras, se unió a un compañero muy introvertido con el que compartió el trabajo de grado, alguna vez conversando con él, el joven  le contó que había estado en Vietnam, para Mendoza ese comentario paso inadvertido, aunque para Mario, la presencia de su nuevo compañero representaba a un tipo muy curioso por la manera en que vestía y actuaba, eso no fue un impedimento para seguir trabajando a su lado. Al tiempo descubrió que el hombre había asesinado a varias personas de manera dramática, incluyendo a su propia madre, y eso se le convirtió en una leyenda negra, hasta el punto que le tocó declarar en la fiscalía por ser amigo del asesino.
 
Un encuentro que sirvió para conocer como a estos autores el amor por la literatura criminal, los ha llevado  por caminos muy particulares, que han servido para nutrir esa obsesión de describir la muerte de nuestras sociedades.
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