Desayuno en Tiffany’s

Por: 

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La actirz Audrey Hepburn en la versión cinematográfica de 1961


Esta es la historia de Holly, una mujer que vive una vida totalmente despreocupada. No planea nada, duerme poco y que se esconde en sus enormes gafas oscuras, una mujer de extremos, que consigue lo que quiere sin ceder un centímetro.
 
Truman Capote nos transporta al pequeño apartamento de Holly, a su vida nocturna en la ciudad de Nueva York. Este maravilloso escrito nos describe con rigor a Holly y a todos sus pretendientes y el hecho de que todos la amen con locura, aunque ella, siempre les haga la advertencia de no enamorarse.
 
La monotonía no existe en su vida, ni la planeación, ni el futuro y mucho menos el pasado. Holly continúa en su huída hacia delante, saltando a una rama cada vez más alta, el lector se convence de que su caída es inevitable, incluso inminente. Pero no es necesario preocuparse; ella, como ese gato sin nombre que la acompaña, siempre cae de pie.
 
Esta mujer que siempre se sale con la suya: “Yo no. Jamás me acostumbraré a nada. Acostumbrarse es como estar muerto.” Es la viva representación de lo que somos y de lo que nos gustaría ser.
 
Desayuno en Tiffany’s no sólo es una historia perfectamente narrada. Este es uno de esos bonitos textos que tocan, de manera casi imperceptible, las fibras del lector y cuya huella permanece para siempre.
 

 

En 1961 este libro se llevó al cine por el director Blake Edwards. La película ganó dos premios Óscar en las categorías Mejor banda sonora y Mejor canción.

 

 

 

Anónimo (no verificado)
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