El fantasma de Charles Dickens visita a Marley

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Hace varias noches entró un fantasma a mi cuarto: arrastró su cuerpo por debajo de la cortina para entrar y se sentó en mi cama. No lo miré a los ojos, ni a las manos, ni noté si traía sombrero, pero me metí bajo la cobija y me toqué el rostro para asegurarme de que no era un sueño. Deseé que Marley –mi gato gallina- no fuera tan cobarde y saliera de debajo de la cama para ahuyentar al fantasma.

 
No supe cuándo ni por qué se fue, tampoco a qué vino pero cuando la luz del día entró por el mismo lugar donde probablemente se fue el fantasma, recordé una película animada que vi en televisión esa noche: “Los fantasmas de Scrooge”. Donde un viejo duro de corazón y avaro recibe la visita de tres fantasmas. La verdad no presté mucha atención a la película por estar mirando a Marley al que se le paraban los pelos de la cola y enseñaba los dientes cuando veía al viejo Scrooge de la película.
 
¿Me estaré volviendo dura de corazón o avara?, pensé. Después de la visita del fantasma, aquella noche, busqué información de la película y al darme cuenta de que se trataba de la adaptación de ‘A Christmas Carol’ (en español: ‘Un cuento de navidad’ o ‘Canción de Navidad’) de Charles Dickens, lo busqué en el cajón donde guardo los libros que en algún momento de mi vida me produjeron pesadillas. Ahí estaba, bocabajo y escondido debajo de ‘El fantasma de Canterville’, como si no quisiera que lo encontrara.
 
Le di otra oportunidad, así como se la di a ‘Alicia en el País de las Maravillas’, libro que luego amé.
 
‘Un cuento de Navidad’ es un libro corto que se puede leer en una sentada. O que en mi caso tuve que leer en una sola sentada porque sentía la necesidad de saber qué me podría pasar esa siguiente noche. “¿Me va a agarrar por los pies para llevarme de vuelta al pasado y luego al futuro para mostrarme lo mala y egoísta persona que he sido?, pues adelante, siempre he querido hacerlo. Trataré de negociar con él para que no me arrastre de las piernas ya que estoy dispuesta a cooperar, y cuando vuelva de ese viaje por el tiempo, cambiaré sea lo que sea que me tiene al borde de una eternidad llena de angustia y sufrimiento”.
 
Dispuse mi cuarto de la mejor forma posible para facilitarle la tarea al fantasma: abrí la ventana –más que por su comodidad- para que cuando me sacara del cuarto, no hiciera un desastre con el vidrio; también dejé la puerta abierta por si aceptaba mi trato de salir voluntariamente. Llegó la noche y con ella Marley que se metió directamente debajo de la cama. Me pregunté por qué no ronroneaba o jugaba con las tablas de la cama, esa noche.
 
Si supiera cómo escribir un ‘miau’ lleno de terror y agresividad, lo haría, porque así fue el sonido que salió de Marley cuando se movieron las cortinas. No vi ningún fantasma pero escuché un sonido en la sala. “¿Marley?”, lo llamé y miré debajo de la cama para ver si era mi gato desde la sala, pero no. Ahí estaba en un rincón en posición de ataque. Fue cuando comprendí todo.
 
El fantasma no venía por mí. Venía por Marley. Ese gato que había llegado una noche lluviosa a la puerta de mi casa. Con collar enchapado en oro donde estaban marcadas las siguientes letras: m,a,r,l,e,y. “¿Por qué justo ese nombre?, ¡el nombre del socio del viejo Scrooge que cuando murió fue a advertirle de los fantasmas que vendrían después! Yo no le habría puesto Marley a mi gato. Si el hubiera llegado sin collar, probablemente se llamaría Eliot o algo por el estilo y seguramente se habría salvado de los fantasmas.
 
Me metí bajo la cama, lo tomé por las patas y le dije: “Señor Marley, le recomiendo que deje de ser tan gallina* y vaya a arreglar cuentas con sus fantasmas”. Le cerré la puerta de mi cuarto, también la ventana porque era una noche fría y me dormí. Otro día les cuento sobre el sueño de esa noche.
 
*Pobres las gallinas. ¿En qué momento se volvieron sinónimos de ‘cobardía’? He conocido gallinas tan valientes que persiguen a perros y a vacas.
 
PD: Si leen ‘Un cuento de navidad’ no van a visitarlos los fantasmas, pero se van a encontrar con un libro -de Charles Dickens quien este año cumple 200 años de natalicio- ambientado en Londres a mediados del siglo XIX , y es un libro perfecto para leer en este mes de Halloween.
 

 

Anónimo (no verificado)
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