Ian McEwan, polémica perdurable

Por: 

Equipo Editorial


 

Sobre las palabras de Ian Mcewan el lector se desliza con la misma gracilidad que dos cuerpos al encontrarse bajo las sábanas: un ritmo pausado, sereno, a la manera de los ríos profundos que parecen calmados pero poseen corrientes subacuáticas tan fuertes como el mar mismo. Este novelista británico ha construido una obra sólida con más de doce novelas, además de cuentos y ensayos en los que se muestra igualmente punzante, crítico y con el suficiente humor negro como para divertir y al mismo tiempo meter más de un dedo en las llagas de la especie humana.
 
Durante un tiempo fue  apodado por la prensa y los críticos como Ian Macabro por las atmósferas y hechos de sus historias. Al principio sembró la controversia con sus primeros libros de relatos Primer amor, últimos ritos (1975) y Entre las sábanas (1978) que contenían cuentos donde pululaban las obsesiones sexuales alineadas con la muerte pero imprescindibles a lo cotidiano pues son esa chispa vital o esa columna vertebral sobre la que se articula la vida.
 
McEwan nació en Aldershot, Inglaterra, pero desde muy joven se convirtió en ciudadano del mundo al emprender distintos viajes. Primero junto a su familia, con la cual vivió en permanente mudanza. Las obligaciones del padre, un sargento mayor y procurador militar escocés, los llevaron a Singapur, Trípoli y otros lugares del mundo; pero cuando McEwan buscó la independencia, abandonó los estudios y vivió en Grecia donde trabajo barriendo calles. Después de esta iniciación retomo su vida académica en las universidades de Sussex y en la de East Anglia donde se inscribió al curso de Escritura creativa dictada por Malcom Bradbury.
 
Una vez Ian McEwan empezó a publicar sus libros su nombre se hizo popular en los ámbitos literarios y artísticos. Su primera novela, Jardín de cemento (1978), contaba la historia de uns niños que sepultan a su madre en el sótano de la casa. Pero la polémica no sólo estaba instaurada por sus bizarras historias sino por las opiniones y los temas que abordaba en su programa de televisión Geometría sólida que ocupo los titulares de la prensa británica al ser censurado por la BBC cuando mostró una escena en la que aparecía un pene flotando en un frasco.
 
Sin embargo, sus obras no sólo han sido traducidas a diversos idiomas por polémicas sino porque contienen una verdadera calidad literaria reconocida, por ejemplo, con el premio Booker en 1998. Obras como El placer del viajero (1981), Niños en el tiempo (1987), Perros negros (1992) y Amor perdurable (1998) lo convirtieron en un autor admirado por la crítica, amado por los lectores y respetado por el poder pues McEwan permanece fiel a sí mismo y a sus convicciones. Su última novela, de hecho, lleva un título muy acorde a la época Solar, pues aborda el tema del calentamiento global desde el punto de vista de un físico ganador del premio Nobel llamado Michael Beard que ayuda a combatir el cambio climático y exhibe sin tapujos sus descubrimientos sobre los desequilibrios que existen en el mundo de la ciencia entre hombres y mujeres.

 

 

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