La libertad de Jonathan Franzen

Por: 

Equipo Editorial


 

Como se esperaba, el hermoso Teatro Adolfo Mejía de la ciudad de Cartagena estaba a lleno total, esperando las palabras de uno de los mejores escritores jóvenes norteamericanos, que en los últimos años le ha dado un nuevo aire a las letras de esta parte del continente.

Llegó a Cartagena el día anterior: solo y  con una pequeña maleta, tan callado que pasó desapercibido en el hotel donde se hospedaría, solamente Cristina Fuentes, la Directora del Festival, lo reconoció para darle la bienvenida a la ciudad y al gran encuentro.
 
Distinto a lo que uno pensaría, Franzen es un hombre simpático, muy gracioso y bastante conversador, de esos entrevistados que terminan haciéndose ellos mismos las preguntas y obviamente contestándolas después de una larga disertación. Pero la charla con Franzen tuvo algo especial, en la hora y quince minutos que estuvo frente al público habló sobre aves, sobre su escritura, sobre psicología, sobre su preocupación por los problemas ambientales, sobre sus dilemas morales, sobre la sociedad actual, sobre el libro electrónico… fue mucho más de lo que esperábamos.
 
Libertad
La novela que lo dio a conocer en el resto del mundo fue el punto de partida para la conversación con Vásquez. Más que de la novela,  Franzen habló del después de la novela: “después de corregir el manuscrito de Libertad me divertí por primera vez, hice las coas que la gente hace cuando habla de disfrutar la vida. Me puse a buscar aves”, inclusive habló de su visita a las reservas de aves en Colombia donde tenemos gran variedad de especies.
Su preocupación por la situación ambiental no se hizo esperar, uno no puede evitar convertirse en parte del problema, cuando enciende su auto, cuando deja las luces encendidas, etc, etc. Pero a la vez se pregunta, ¿cómo puede uno estar encerrado escribiendo novelas cuando hay tantos problemas en el mundo?
 
Sus novelas
Al finalizar las dos novelas con las que ha ganado fama mundial: Libertad y Las Correcciones, no era ni muy conocido ni mucho menos próspero, tenía lo que se puede decir un conflicto interno lo cual podía ser más bien una cuestión de ego. Adicional a ello fue su época gris: “mi padre enfermó, mi matrimonio se desvaneció, se me acabó del dinero…” a pesar de ello, afirma Franzen que no es algo agradable todo lo que sucedió pero en su mente, el escritor piensa que las dificultades le pueden ser propicias en su proceso creativo.
 
Franzen realmente pensaba en esa época que escribía cosas que iban a iluminar a la gente, pero pensó que esto no era cierto, “decidí entonces escribir novelas que me gustaría leer y dejé de pensar en tratar de ayudar, cuando decidí que no me iba a comprometer con la cultura, ya estaba bastante comprometido.
 
El escritor
Franzen no tiene teléfono ni internet en su lugar de trabajo, le gusta que sea un lugar oscuro y frío, que sea un buen sitio para dormir. Trabaja muy temprano en la mañana, cuando está todavía medio dormido, porque para él en eso consiste la escritura es un estado como de fantasía en que uno sigue medio dormido y a la vez medio despierto. En el año 1982 encontró en la calle una silla, que es la misma que hoy utiliza para trabajar.
 
Actualmente Franzen se dedica a escribir libretos para series de televisión, tiene un libro en mente, pero según él, todavía no se dedica a este proyecto.
 
El libro electrónico
Con cierto romanticismo que caracteriza a los amantes de la literatura nacidos mucho antes de los años 90, Franzen tiene en sus manos un libro de tapa blanda, lo ciñe entre sus manos, le da una o dos vueltas y los dobla, mostrando esa flexibilidad y seguridad que nos da el libro impreso, ese que algunos llevamos a todas partes, por si se puede robar unos minutos al día, en cualquier lugar para continuar la lectura. Franzen no está en contra del libro electrónico, está más bien en contra de la lógica del consumismo, para él, el libro físico no le gusta a los capitalistas porque es un mal modelo de negocio, puede durar hasta 10 años en excelente estado, y puede pasar de mano en mano infinidad de veces, es como una parte del mundo concreto.
 
Sin duda Jonathan Franzen es un escritor que seguirá dejando huella en la letras norteamericanas contemporáneas.
 
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