Ojos que parecen un espejo

Por: 

Equipo Editorial Red de Bibliotecas | comunicaciones@reddebibliotecas.org.co

En una época en que hablar de una enfermedad como el sida era completamente tabú, una familia se enfrentaba a esta desde diferentes puntos de vista: Ezequiel, el hijo mayor enfermo, el modelo de la familia, que se vio repudiado por sus padres; el menor, que debió soportar también el aislamiento social por la enfermedad de su hermano y los padres de ambos, quienes se sintieron defraudados y aumentaron más la distancia existente entre su hijo mayor y ellos.
 
“Los ojos del perro siberiano” es una novela del argentino Antonio Santa Ana, que en 43 breves capítulos retrata sin morbo la realidad que enfrentan quienes viven de cerca esta enfermedad, desde las relaciones familiares como las amistades, que en el caso del narrador, de quien no se sabe su nombre, ponen distancia de por medio al enterarse de la enfermedad de Ezequiel.
 
Éste último, quien se fue de casa a los 18 años, adoptó a Sacha, un perro siberiano de ojos marrones. En algún momento, Ezequiel le dice a su hermano que su perro lo mira como es, sin los prejuicios ni la lástima que ve en los ojos de los demás y por eso lo considera como su mejor compañía.
 
Gradualmente, ambos hermanos construyen una relación alrededor de los libros, la música y hasta el fútbol, tocando muy pocas veces el tema del sida, pero nunca deja de estar en el contexto de la historia, pues el libro narra las numerosas hospitalizaciones de Ezequiel, hasta su muerte, dejando a Sacha al cuidado de su hermano.
 
“Los ojos del perro siberiano” presenta claramente la dificultad de expresar algunos pensamientos en palabras, como la madre de Ezequiel, que le dice a su hermano en un momento: “hay cosas de las que es mejor no hablar”. Sin embargo, también muestra que, aunque las circunstancias parecieran llevar a la vida a su fin, en la vida hay esperanza. Ezequiel lo expresa a su hermano diciéndole que “ninguna enfermedad te enseña a morir. Te enseña a vivir. A amar la vida con toda la fuerza que tengas. A mí el sida no me quita, me da ganas de vivir”.
Anónimo (no verificado)
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