Ganadores de la categoría Infantil

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*La redacción está fiel al autor y hacemos esta publicación con su autorización. Todos los derechos reservados.

EL SECRETO DE LA BIBLIOTECA
 
Autor: Magno León Amador Bonnells Ocampo
 
Este cuento comienza cuando yo, Magnus y mi amigo Tifu nos mudamos a un pueblo con nuestra familia.
 
Se decía que todo era normal, pero había una biblioteca donde desaparecían muchas personas que se atrevían a ir a explorarla.
 
Mi amigo y yo nos quedamos intrigados. Esa noche Tifu me propuso escapar de la casa y yo acepte. Nos fuimos a la misteriosa biblioteca, queríamos saber su secreto…
 
- ¡Creo que fue una mala idea! –le dije a Tifu-. Empezó a soplar muy fuerte el viento y se nubló el cielo. Nosotros empezamos a caminar cuando ¡!PLAAMMM!!! se cerraron las ventanas y quedo todo oscuro, quedamos paralizados! Por suerte mi amigo había traído una linterna y la encendió. Todo estaba tranquilo cuando una voz terrorífica nos dijo: ¿En qué puedo ayudarles?
– volteamos lentamente y lo que vimos fue una PESADILLA!! ¡Era una marioneta viviente!!! –
q quien e eres tú?? – dije pálido-
 
Hola niños mi nombre es Cornelius y ustedes cayeron en mi trampa. ¡PAFF! la marioneta desapareció! ¡Una voz retumbo en toda la biblioteca y dijo – tienen 1 hora para salir de aquí y si no lo hacen pondré su cuerpo de adorno!!!
 
Estábamos muertos de miedo y ya no había escapatoria, entonces decidimos tomar coraje y seguir buscando. Sonaban ruidos extraños, nos detuvimos un momento. ¡Algo a nuestras espaldas nos dijo – vaya, vaya… parece que alguien me trajo unas almas para devorar!
 
Miramos con temor hacia atrás y no había nadie, miramos hacia el frente y vimos como una forma extraña se acercaba como tele transportándose. Unos tentáculos nos agarraron y de pronto un hombre vestido de negro con cabeza blanca empezó a hipnotizarnos. Antes de que lo hiciera yo alcance a tomar un hacha para incendios y la lance, ¡pero el hacha atravesó su cuerpo como el de un fantasma y desapareció!
 
Ya estábamos tranquilos cuando empezaron a salir de todos lados payasos, monstruos y fantasmas... Sentimos que era nuestro último día, ¡dimos unos pasos hacia atrás cuando escuchamos un “BRUUUMMMM” pegamos un brinco! casi me da un infarto! Era un hombre gordo con una motosierra tenía una máscara con dos agujeros negros y overol manchado con sangre (o a lo mejor había comido salsa de tomate).
 
Estábamos rodeados, entonces Tifu me dijo: -tengo un plan, mira!
 
¡Él había encontrado una aspiradora, la pusimos en modo máximo y se tragó a todos los
monstruos!! Otra vez se escuchó la voz de la marioneta:
Vaya, vaya… parece que han pasado la prueba número 1, ¡ahora que les parece esto!!! Pero no pasó nada… sentí que alguien me había tocado el hombro y le dije a Tifu – ¿tú fuiste el que me toco el hombro? – no- dijo Tifu. 
 
De pronto se levantaron un montón de marionetas endemoniadas del piso, una de ellas llevaba una antorcha y eso me dio una idea… cogí mi hacha para pelear con ellas, pero, ¡CUIDADO!! ¡fiisss! Tifu me había tirado al piso, -tengo sueño- dijo. – qué te pasa? - le pregunté. Fue cuando me di cuenta de que él tenía un dardo tranquilizante en el cuello, había una marioneta que tiraba dardos, y era el jefe. Cogí un libro y se lo lancé a la que tenía la antorcha, se cayó, empezó a quemarse y pudimos verle una parte robótica, ¡eso me dio más susto! Corrí rápido arrastrando a mi amigo hacia una parte segura porque el muñeco tenia gasolina, y gasolina con fuego y…. ¡!!KABOOOMMMMMM!!! ¡ESE CUARTO EXPLOTO! Menos mal que estábamos escondidos.
 
Entre el fuego se pudo divisar una figura caminando hacia nosotros. –parece que tendré que acabar con ustedes yo mismo -dijo Cornelius- que tenía los ojos rojos endemoniados. Ya estamos fritos -dije- Tifu ya estaba despertando y la marioneta estaba cada vez más cerca… entonces Tifu dijo- piensa rápido- ¡PLAM! Tifu dio una patada hacia atrás y salimos corriendo. –Esperen que…- dijo Cornelius mientras le caía una repisa de libros de historia encima ¡PLAM! El muñeco malvado quedo atrapado debajo de la repisa y sacando una mano dijo: -jamás podrán vencerme, nunca encontrarán el libro de hechizos en el pasillo del fondo a la derecha!!! 
 
- ¡¿En serio?!! - dije yo 
- Aaaaaaaggggg porque lo dije??!!!-dijo el muñeco mientras nosotros íbamos corriendo a buscar el libro. Al fondo del pasillo había un libro enorme con letras que parecían extraterrestres, dentro había un conjuro y decía “lee en voz alta”. Empezamos a leerlo entre los dos, en el cielo se formó un remolino de nubes, el hechizo decía: "spiritus horrendus portalus inframundis absorves máximum!" 
 
En el cielo se abrió un portal, toda la gente del pueblo salió de sus casas para ver qué pasaba. El portal se fue tragando todo lo malvado, los monstruos, los payasos, las marionetas y el muñeco malvado y se llevó hasta el techo de la biblioteca ¡PLAF! ¡El portal se cerró y el sol salió, toda la gente que había desaparecido volvió a cobrar vida, la gente del pueblo nos organizó una fiesta en agradecimiento y la biblioteca volvió a abrir para todos!! 
 
FIN DEL FIN
 
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Almas en la biblioteca
 
Por: Alejandra Usgame Mesa
 
 
Al norte; en un país muy lejano, en las aldeas de los sabios, existió desde siempre la tradición de la lectura. Los regalos que se daban en los cumpleaños eran libros, por eso en las tardes de primavera era normal ver reunidos a grandes y chicos bajo cualquier árbol leyendo. Pero como lo bueno tiende a ser destruido por el mal algo muy inesperado pasó.
 
Ocurrió que hubo una serie de eventos desafortunados y algunos de los habitantes comenzaron a desaparecer. Decían que los bosques se los habían tragado, otros afirmaban que las fieras de las montañas bajaban en la oscuridad y se los llevaban como trofeos. Todo fue un suspenso hasta que Thomas el chico de anteojos que visitaba siempre la biblioteca de su pueblo logró escapar de ser decapitado.
 
Cuenta Thomas que él entró como de costumbre en la biblioteca, se sentó al fondo donde siempre lo hacía (era tarde pero aún no oscurecía) y notó que la señora Merry; la encargada de la biblioteca no estaba en su lugar de costumbre, tomó un libro al azar y cuando lo abrió un escalofrió recorrió su cuerpo. Al cabo de un tiempo el interior de la biblioteca se hacía más oscura, de pronto el libro enloqueció, se movía por si solo como si cobrara vida propia, pasaba sus hojas sin que Thomas lo hiciera, hasta que al fin se detuvo en una página que tenía un dibujo en particular; era una cosa entre monstruo y humano y éste de entre las paginas se levantó.
 
Era tan grande como un adulto, tenia apariencia de un carnicero por su delantal manchado de sangre, era gordo, los labios de su boca estaban desgastados como si los hubiese ruñido las ratas, su pelo parecía que flotara en el aire y en sus brazos y cuello tenía unas heridas muy mal cosidas que aun supuraban agua sangre. Sus ojos rojos se fijaron en los míos que no se podían abrir más de lo que estaban, de pronto levantó un hacha y la subió tanto que me hubiese partido en dos tajos, fue ahí cuando reaccione y corrí lejos de la mesa donde estaba subida esa cosa justo antes de que ese mueble cayera al suelo partido en dos pedazos.
 
El enorme monstruo me siguió por todo el lugar. Como estaba oscuro mi carrera fue detenida por un enorme libro que se interpuso en mi camino, de él una luz blanca salió y de allí una enorme figura flaca y muy alta se desprendió; era una mujer, lo sé porque su voz enseguida se dejó escuchar, susurraba algo así como una especie de conjuro, de inmediato todos los libros la seguían y de los estantes saltaron grandes guerreros y gladiadores que ante una orden de la señora buscaron al monstruo que estaba escondido en un rincón.
 
No fue fácil capturarlo; el enorme carnicero se les hecho encima, al primer hombre que se le acercó de un solo tajo la cabeza le rebanó y la sangre de aquel desafortunado salpicó mis zapatos, luego un par de soldados se le acercaron y también los descuartizó y en la punta de una lanza sus cabezas colocó. La señora ante el carnicero se presentó y con una voz fuerte le dijo: -Salid de este lugar. Estas causando desolación entre los mundos que visitas. Sabemos que te presentas donde hallan libros y quien los lea para volver prisioneras las almas de los mortales y llevarlas hasta tu reino donde es prohibido leer- Fue allí que me di cuenta de lo que la mujer al monstruo le recriminaba. Él había sido alguna vez un niño que al colegio no pudo ir porque sus padres no lo dejaban, le decían que lo que allí enseñaban era malo, a cambio él debía ser carnicero, lo obligaban a destripar los animales, a sacarles el corazón y a comer sus ojos crudos. Aquel niño nunca perdió la esperanza de aprender a leer, paso el tiempo y nadie le enseñó. Por eso para poder dormir debía robar almas que le leyeran en las frías noches de su mundo, pero como las almas al poco tiempo de estar con él morían, debía estar constantemente robando seres que les apasionaran los libros.
 
Desde el piso vi como el monstruo se metió al libro y este se cerró, llevándose con él una promesa hecha por la señora: a cambio de no robar más almas ella le enseñaría a leer.
 
Desde entonces y para que no pasara a ellos lo mismo que al carnicero, enseñaron a todos los habitantes a leer, esta actividad volvió a ser la predilecta de todos los humanos en este reino y el lugar más confortable de encuentro siempre seria para Thomas y todos los niños una vieja biblioteca.
 
 
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¡Los libros no son solo libros!
 
Por: Miguel Ángel Silva
 
Estaba en mi biblioteca cuando un libro que nunca había visto se cayó ¡ploffffff!: era un libro envuelto en polvo y telarañas, decidí cogerlo y darle una limpiada, luego tuve la curiosidad de abrirlo ¡y qué sorpresa!, nunca había visto algo como esto, su nombre era: Lo imaginable es inimaginable. Sus ilustraciones hacían referencia a un monstruo más o menos  encorvado y que soltaba baba, su cabeza era verdosa, parecía mareado, y lo peor de todo, su escamosa piel se descascaraba a pedazos.
 
Cuando pasaba sus hojas me di cuenta de algo asombroso: en todas las ilustraciones aparecía el mismo monstruo, eran el monstruo mismo. Así que para resolver el misterio me puse a leer las 253 páginas. El libro hablaba de un hechicero que había encerrado en un libro a un monstruo, y había que leer el cuento para invocarlo. Todo esto me pareció un poco infantil para mis 14 años de edad, pero lo seguí leyendo. En el tiempo en el que lo leía mi vida cambiaba radicalmente.
 
Fue un alivio cuando después de tres semanas estuve a tres renglones de acabar el libro, los leí con mucho aburrimiento, pero cuando lo terminé fue la mayor felicidad que había vivido. Mientras celebraba, algo extraño empezó a pasar: ¡mi pieza estaba temblando! Al principio pensé en un terremoto, pero era solo mi pieza y nada más. Intenté salir al corredor pero no lo conseguí, así que me decidí a tumbar la puerta de un golpe, cuando de repente me empujaron haciéndome caer y quebrar un diente. Recordé que si lograba salir podría ir a la biblioteca del lado de mi casa a pedir ayuda. Salí de mi casa corriendo con el libro que tantos problemas me había traído, el libro empezó a chapalear entre mis manos y un monstruo empezó a salir de él, lo tiré y entré a la biblioteca, no había nada que hacer, el cielo se oscureció repentinamente y resplandores salían a chorros del libro mientras iban conformando el cuerpo del monstruo. En ese momento recordé que al final del cuento  decía: “para revocar lo hecho leerás hacia atrás rápidamente”. Entré a la biblioteca y me puse a leer el cuento al revés, pero no pude avanzar más de diez hojas ya que leer hacia atrás mientras el libro se sacudía me mareaba. Noté que nadie más podía ver al monstruo.
 
La solución que me quedaba era esconderme en el lugar más cercano: el viejo cuarto de la biblioteca. Salí corriendo sin hacer el más mínimo ruido para que el monstruo no me 
descubriera y seguí leyendo; estuve tan concentrado que no me di cuenta cuando cerraron la biblioteca. ¡Qué susto, solo todo una noche! No sabía qué hacer. Iba en la página 200 cuando ¡poon, poon, poon!, todos los libros se empezaron a caer por doquier, una biblioteca se vino encima y aplastó la computadora, las lámparas se empezaron a caer, y soniditos agudos de risas se escucharon por todos los lados.
 
Sabía que se trataba de la maldición que utilizaba el monstruo para generar miedo en las personas y descubrirlas cuando emitieran ruido, tenía que acabarlo sí o sí, pero lo hacía imposible el miedo y la desesperación. Intenté quebrar el vidrio de salida pero no lo conseguí ya que estaba templado para que los ladrones no consiguieran entrar, no tuve más opción que leer en esas condiciones. Solo me faltaban 5 páginas, tenía que aguantar pero toda la biblioteca se venía encima, y como de costumbre los vecinos ni se inmutaban.
 
Puse todo mi empeño en seguir, sin rendirme me escondí debajo del escritorio que formaba un triangulo de vida que me mantuvo a salvo un rato hasta que se rompió. Me decía a mí mismo: ¡no me puedo rendir! ¡No me puedo rendir! Los largueros del techo se empezaron a romper y eso significaba que el techo caería. Me faltaban 2 páginas por leer al revés, tenía que hacerlo por mí, por la biblioteca, por todos.
 
El monstruo incapaz de localizarme utilizó otra de sus tácticas, se dividió en varias sombras para buscarme, pero yo tenía que cambiar lo que por su culpa había traído. De repente… sonaron las campanadas, eran las tres, ¡la hora maldita! Todo empezó de mal en peor,
¡clapp!, ¡ploff!, ¡jiiii!, ¡jaaaaaaa!, ¡prrrr!, ruidos de toda clase, y aún me faltaban unas cuantas palabras que conformaban unos renglones, lo cuales constituían a su vez una página; eso era lo que me faltaba, pero el techo empezó a caerse, ¡puum! una teja me cayó en la cabeza dejándome débil en el suelo. Unas gotas espesas de olor repugnante caían en mi rostro, dos renglones me faltaban, dos renglones…
 
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Los garabatos
 
Por: Carolina Betancurt Beltrán
Ashly Valeria Martínez Ruíz
 
 
 
Había una vez unas niñas y una profe de Lengua Castellana que se llamaba Gladis. Un día se  fueron a recibir su clase de dibujo a la biblioteca del colegio. El día estaba muy oscuro y parecía todo como fantasmagórico, cuando llegaron se acomodaron en sus puestos.
 
La profesora les pidió que dibujaran unos garabatos para decorar el colegio el día del niño.
 
Las niñas felices llenaron sus hojas de coloridos garabatos, mientras las niñas se divertían, una espantosa tormenta con rayos y truenos comienza a caer, el viento soplaba muy fuerte y las ventanas sonaban como si se fueran a romper. Las niñas sintieron mucho miedo pero lograron terminar sus garabatos. Cuando se iban a ir, un misterioso rayo cayó sobre sus dibujos e iluminó todo de un color verde limón, todas corrieron escalas abajo y desaparecieron.
 
En la noche, los garabatos cobraron vida y comenzaron a jugar escondiéndose por entre los libros. Al otro día las alumnas de 2º fueron llevadas a la biblioteca para leer sus libros, la profesora salió un momento y las dejó solas y fue en ese momento cuando los garabatos salieron de sus escondites, todo se iluminó de un color verde limón y las niñas muy asustadas comenzaron a gritar, trataron de abrir la puerta para escapar pero los garabatos no las dejaron. Todo volaba alrededor de la biblioteca, libros, lápices, sillas y niñas.
 
Los garabatos como eran hechos por niñas buenas, eran buenos, solo querían jugar con las niñas y no querían asustarlas, cuando ellos vieron que las niñas lloraban decidieron llamar a sus ángeles de la guarda, para que se calmaran. Cada ángel abrazó a su niña y los garabatos volvieron a sus hojas y las niñas nunca olvidarían ese momento.
 
Los garabatos fueron recortados y utilizados para decorar todo el colegio, la fiesta fue hermosa, comieron, jugaron, compartieron y recordaron con mucho amor a sus ángeles de la guarda.
 
Cuentan las personas que viven alrededor del colegio que en las noches de luna llena el colegio se ilumina de un color verde limón y solo los niños pueden ver pequeños garabatos de colores que juegan en los tejados del colegio.
 
 
FIN.
 
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Terror en la biblioteca
 
Por: Celeste Ocampo Quirama
 
Los monstruos, los fantasmas, los duendes, y por supuesto los diablos y las brujas siempre nos han causado miedo; esos enigmáticos seres se las arreglan para no dejarnos dormir y hacernos temblar cuando papá y mamá apagan las luces de nuestro cuarto. No obstante, los monstruos, los fantasmas, los duendes, los diablos y las brujas no solo viven en las casas a continuación sabrán porque:
 
Mi mami y mi papi como de costumbre me llevaron a la escuela, me dieron un beso de despedida e ingresé solita al salón, sin embrago algo no estaba bien, un compañerito de mi clase estaba llorando desconsolado porque – según él – una bruja y un diablo le habían robado su libro de cuentos, temblé de miedo porque ellos también me habían robado mi precioso libro de caperucita, la semana pasada, pero como a mi compañerito, y a mí tampoco me creyeron que la bruja y el diablo que habitaban en la vieja biblioteca se robaban los libros.
 
Una tarde después de clase decidí ir a la vieja biblioteca con el propósito de ver en donde estaban los libros robados, sin embargo la bibliotecóloga estaba hechizada por un mágico encantamiento lanzado por la bruja: si un niño se acerca a la biblioteca, no podía dejarlo pasar, la bruja y el diablo no querían que nadie los viera pues guardaban un oscuro secreto, un secreto que los hacía temblar. Cuando toqué la puerta para entrar a la biblioteca, se escuchó un rugido y una risa que mostraba más miedo que maldad. La bruja y el diablo al parecer se habían asustado, la bibliotecóloga hechizada no me dejó entrar. Lo que ellos no sabían  es que les tenía una trampa, me fui para la esquina al final del pasillo y empecé a leer mi libro de cuentos fantásticos, sabría que la bruja y el diablo saldría de inmediato a robarme mi precioso libro de cuentos, y así fue, pronuncié la primera palabra de la primera página cuando de repente todo se puso obscuro y solo se escuchaba los murmullos de los dos inquietantes espectros acercándose, al instante sentí que ellos e llevaban de los pues hacia adentro de la biblioteca y por supuesto me asusté, pero recobré fuerzas y mi libro y yo pudimos escapar de las garras de la bruja y del diablo .
 
Al día siguiente mi compañerito y yo fuimos a la vieja biblioteca y vimos algo que nos sorprendió: la bruja y el diablo intentaban leer un libro de cuentos, pero al parecer no podían – lotería dije – ya sé que sucede; la bruja y el diablo no saben leer, y quieren que los niños de la escuela no lo hagamos tampoco, por eso se robaron nuestros libros. Al día siguiente fui con 8 libros de mis cuentos favoritos y le pedí el favor a mi profesora que me acompañara a la biblioteca para leer, tal vez así podía entrar sin que la bibliotecóloga que estaba hechizada me lo negara; al ver a la profesora la bruja y el diablo desaparecieron. Cuando ya estuve adentro le dije a mi profe que me quedaría leyendo un instante mis cuentos favoritos, de repente con una voz feroz, unos ojos feroces, y unas garras feroces, la bruja y el diablo querían arrebatarme mi libro, pero recordé el día que los vi intentar leer, e intenté una hazaña, les dije –quietos- la bruja y el diablo se quedaron paralizados
-y dije también- ya se cual es su secreto , ya sé porque roban los libros de cuentos de los niños: ustedes no saben leer y sienten rabia y celos por los niños que si saben leer y disfrutan de leer sus cuentos. Al instante la bruja y el diablo sintieron mucho miedo porque habían descubierto su secreto: no sabían leer.
 
La bruja con los ojos muy tristes, y el diablo con la mirada perdida, no sabían que hacer; lloraban y lloraban y no paraban de llorar – había descubierto su terrible secreto, no sabían leer- luego de varios minutos yo les dije que si gustaban yo podía enseñarles a leer si no se robaban los libros de cuentos y no asustaban mas a los niños que les gustaba leer en la escuela, ellos muy contentos dijeron que si. Luego de varias semanas la bruja y el diablo aprendieron a leer despacio así regresaron todos los libros y pidieron ser ayudantes de la biblioteca para leer mas y mas. También se volvieron amiguitos de mis compañeritos y le quitaron el hechizo a la bibliotecóloga. Pasó un año que la bruja y el diablo aprendieron a leer e hicieron una fiesta en la vieja biblioteca a la que todos asistimos; al final nos dimos cuenta que la bruja y el diablo eran buenos y felices al leer, además ya la bruja y el diablo no nos asustarán ni robaran de nuevo, porque saber leer puede cambiarnos y transformarnos, para siempre y por siempre.
 
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Un espanto de locura
 
Por: Estefania Arango Betancur
 
Había una vez un fantasma que le gustaba hacer locuras en la biblioteca Fernando Botero. Un día dijo: voy a empezar a hacer locuras en esta biblioteca y comenzó a trocar las letras de los libros. Cuando la  gente prestaba los libros, al rato los devolvían, porque no podían leer nada ya que las letras estaban trocadas.
 
A él le gustaba leer libros infantiles, siempre le gustaba salir a las 12:00 am para coger sus libros favoritos y que no se los cogieran, él era muy egoísta no le gustaba que tocaran nada de él. 
 
Un día llegó una niña llamada Marcela a la biblioteca, y se fue para la sala infantil, pero en ese lugar no había nadie, a ella le daba miedo de los fantasmas, pero aún así, se puso a leer un cuento sobre los fantasmas. Al  fantasma de la biblioteca le dio mucha rabia y puso a volar el libro, ella quedó fría, fría y se puso a temblar, salió corriendo pidiendo ayuda, pero, como estaba sola nadie  le ayudó.
 
¿Por qué lees eso?   Preguntó el fantasma.
 
Aún muerta de miedo, sacó un poco de valor para decirle: Es que soy fanática de los fantasmas, pero nunca había visto uno y me pegaste un susto… dijo Marcela. 
 
Luego le dijo, un poco más tranquila: Hola, me llamo Marcela, soy fanática tuya. Mi mamá me dice que los fantasmas no existen, pero yo le digo que sí
 
¡Siiiiiiiii! ¿Tú eres fanática mía? entonces ¡quieres ser mi amiga! dijo el fantasma.
 
¡Claro! cómo decirte no. Pero si alguien se da cuenta que tu eres mi amigo se volverían muy groseros conmigo. Si quieres ser mi amigo ven a vivir conmigo, ¿que dices? dijo Marcela.
 
Es que me da un poco de pena contigo, te asusto y luego eres mi amiga… pero, ¡sí claro! voy a vivir contigo, dijo El fantasma 
 
Pero mi mamá no se puede dar cuenta que hay un fantasma en casa. ¿Te queda claro?, le preguntó Marcela. 
 
Sí,  dijo el fantasma 
 
El fantasma y Marcela, fueron a casa  y  aún son amigos.
 
FIN…
 
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