La poesía nos dio la bienvenida a la Biblioteca Pública de Sonsón

Por: 
Llegué a la biblioteca con la intención de tomar un registro fotográfico y me recibió la poesía. Descargué mi equipaje, me armé de cámara en mano y comencé a disparar. 

Foto: Red de Bibliotecas - Fundación EPM.  El poeta Jose Duván Valencia G. en la Biblioteca Pública Municipal de Sonsón

 

Con cada ráfaga me adentraba más en la biblioteca ignorando un poco las personas y centrándome en encontrar el mejor ángulo de cada espacio. En una mesa, solitario, estaba él sentado, con su computador y a su lado un mural hermoso que captó toda mi atención. Mi cámara apuntaba hacia él, en ese instante se paró de la silla, escribió algo en unas hojas y me las entregó. “Soy poeta, mi nombre es José Duván Valencia G. Soy sonsoneño, viví mucho tiempo en Medellín pero regresé para quedarme”. Así fue como recibí un compilado de sus poemas inéditos, odas a su tierra natal, con una orden expresa: “Puede publicarlos, lo único que le pido es que ponga mi nombre.” 

Escogimos uno de ellos y estamos cumpliendo esa promesa hecha a Duván, el día que entré a la Biblioteca Pública Benigno A. Gutiérrez de Sonsón a tomar fotos y me recibió, de forma amable, la poesía. 
 

A Sonsón

 
Luz granada al atardecer, propagando enciende
un paraíso azur, de fulgor capirano y esplende
trazo con limpidez plasmado, como ninguno,
luciendo sesgo alto, quiebro y frente paramuno.
 
Dos veces es son que se apersona y así resuena
onomatopeya Catarina, que se estrena
y se repite para dejar claro sentido,
en palabra descifrando acontecer sonido, 
 
y parecido ventea el campo mientras suena.
En el entramador agitado surge a escena 
cuando calienta plácido el sol o cuando llueve.
 
Podría atomizar el goce dulce de frutas
e integrar en una nube ácida las volutas
para tomar aquella miel, deleite, embebe.
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El tambor manifiesta ponpón,
la sensible lengua Sonsón
y la resonancia de instrumento
con voz, forman una canción. 
 
El aire repercute porón pon
y repite el eco bon bonbón,
Tremolando sólo un momento,
sintiendo rozar la vibración,
 
el nombre sonoro Sonsón
vuelto pugnaz composición
hace sonar a una su basamento
 
en vuelo sutil e inspiración,
recuerda propagada proporción
propia de todo buen momento.
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Artístico nombre, tierra querida.
Patria chica, espacio para la vida.
De añeja nombradía expansiva.
Da frutos porque es materia viva.
 
Fértil flor, vergel juntaflores
de fascinación, hechos paisajes. 
Venir a sorprender con cantares,
a admirar intactos sus lugares,
 
cual vuelve viajero que dejó 
el ensueño y la niñez en flor
rendidas en alineados senderos,
 
esquinas cuadradas y españolas.
Suelo que fue pisado en noches solas
por herraduras y cotizas de arrieros. 
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Cuando caminamos por el pueblo real de Sonsón
nos envuelve un carísimo pasado, en construcción
y acompaña atisbada oteante, extraña sensación. 
Pretérito ancestral quedo, es cada puerta o balcón. 
 
Manifiéstate en ser y palpita en el corazón
aquella semblanza que fantasea sin la razón,
a la vez que resuenan las pisadas del tacón
en noches que volvemos de bailar algún salón. 
 
Su arquitectura nos muestra en parte la colombiana
desde que se fundó República hasta esta semana. 
Sus calles, parques, puertas, sus balcones y ventanas
 
son memorias que persisten esta ciudad serrana
de alcores y manantiales, pomposa y soberana,
que erigieron y sembraron puros paisas de ruana. 
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El efecto a la montaña elevadora, ya en poniente,
provocación emocional entona. Entusiasmo ardiente
tinta ambarino camino tortuoso, verdosa distancia,
remonta extendido hacia la cima, rastro y dominancia. 
 
Una visión transportadora encendida, iridiscente
ilusión prolongada, permanente, queda en oeste. 
Por amor a la tarde embelesante, evoca en suspiro 
un matorral alto, vasto, dentro y en torno de Capiro. 
 
Ese placentero rememorado en fuego revividos,
hogueras llameantes del ocaso montañés altivo,
labios, desde niños, balbucearon con fiel emoción. 
 
Por seducción perenne llevar conservado atractivo, 
persistente armonía, en colorida poética y al ritmo
del pie de monte sunero, inscribir roca o sensación. 
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Sonsón tierra natal y amena. 
Montañas libres, lejos de penas. 
En que moran muy bellas mujeres, 
que van y vienen a sus menesteres.
 
Por correr en la infancia sus lugares
conocemos el verdor de los solares. 
Firmamento azul y luz serena, 
irradiada en su vitalidad más plena. 
 
Cuadro dichoso, que a lo lejos llena
con paz andina las alturas de colores,
donde apártanse las prisas y temores.
 
En su discurrir la historia es buena.
Y mosaico de aureolas multicolores
ve estimar montañas como flores. 
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Sonríe el sol en Sonsón cuando veranea
y mueve vivo el matorral porque ventea.
Podría soñar un paraíso más precioso,
pero nunca un cielo igual de fantasioso
 
al cobertor de Sonsón, tierra labrada,
cuyo pueblo habita activo entre quebradas.
Y mirando la bóveda celeste ondea. 
Perspectiva aureolada, campo bordea
 
el monumento que de lejos se adivina
como una construcción muy fina 
sumadora de luz más luz, en alta cota.
 
Consideración es contarla y cantarla
en la tarde arrobadora y retratarla
en poemas de facundia, de alta nota.
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Canta el paisaje Sonsón de verde ondulación.
En andares por Colombia, azul ensoñación,
como en este diáfano abrupto terreno hermoso,
no se verá así, un firmamento más luminoso.
 
Tiene un acertijo garzo el cielo de Sonsón.
Una iluminación, una claridad, doble son 
que retumba en las alturas. Como si no hubiera
en lo alto, encima, más varioverde cordillera.
 
Es ilusión comprender, no ver o es espejismo
que ante el ser así se presenta, en crescendo de luz
azul y otro cuando brilla el sol, sobre el abismo,
 
el redondel de su morada, a media subiendo,
bajando de su reino a lo terrestre, da chapuz. 
Padre celeste derrama nitidez sonriendo. 
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Cavilando en tanta luz, magnificencia
que a cambiando la calma por paciencia,
se hizo grisácea la mañana radiante.
Fugan sin vuelo el azul y verde al instante. 
 
Son muchos vapores de agua acumulada
que niegan y trasiegan, blanqueando nada. 
Bruma adherida al confín y en la distancia
empapa el ambiente helado en tolerancia. 
 
Surgió otra realidad de niebla y cercanía, 
llenando también el alma de alegría.
Ya no hay verde ni azul ni grana, sólo
 
neblina se respira en condensadas gotas
y vaho caliente exhalan en conversa, bocas,
rindiendo tributo a un frío blanco como el polo. 
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Al andar los Andes de Sonsón arriba,
ojos no descansan de ubérrimos ni riba, 
avizorando tan variados accidentes, 
escarpadas hondanadas y corrientes,
 
alturas sin explicación, posiblemente
asemejando las huellas permanentes,
señales azarosas de estruendos sismos.
Cortes, cuchillas, paredes, espejismos,
 
hacen agreste la senda desde lejos
y una estupefacción aliada con reflejos
empodera de alerta el pensamiento,
 
que apercibe borbollar el salto, atento, 
la blanca envoltura de cascadas natas,
lluvia menuda, rocío en cataratas.
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Bajando a lo templado, a un clima más afable,
escurren altas aguas hasta hondos cañones.
En historia ríos de Babilonia estables
fueron para sumerios, de los dioses dones
 
y en la Biblia mencionan ríos del Edén.
Si se suman los ríos que riegan Sonsón, 
es bastante probable que hasta no se den,
restando de la cuenta algunos que ahora son. 
 
En escalonadas cascadas, boscosos, ven
caer rumorosos, abriendo cauces finqueros,
ordenadas sementeras, frescos potreros,
 
donde fuentes cantan su rumbo y desdén. 
Otros corren largos, valles y gargantas
marcando cañones de peces y plantas.
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Y un feliz derroche de paisaje abunda
por los caminos lejanos que se pierden,
en la mañana inventadora de verdes,
verdespintos escabrosos de las mundas,
 
rocas que se prenden con firmeza dura
suspendidas al abismo que perdura,
desfiladero en que juncos balancean,
apenas corrientes airosas las rodean,
 
brisa piedra escalando abajo pa’ arriba,
envuelve el estruendo próximo y motiva, 
las aguas, que caen a encauzar el calor
 
directo hacia los refrescantes remansos,
donde zambullen entusiastas y cansos, 
logrando de vida y fatiga favor. 
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Noble señor de casa montañesa
que tiene ese páramo por trinchera,
donde la altura se une con el monte,
muralla que domina un horizonte.
 
Encumbradas las nieblas marañeras
cubren despacio cumbres altaneras
y en tanto un viento rumbo de remonte
las lleva lento huyendo hacia ultramonte.
 
Cante pradera circundante vista
que rodea el pueblo de las esperanzas,
viendo mecer las ramas que ya danzan.
 
Pareciendo los ojos de un artista,
en un multitonal verde añoranza
traza inmóvil allá, hasta lontananza.
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El son es ritmo y muchos ritmos nombra son.
Plural presente, primera persona, son.
Si es son dos veces, es ser plural y ritmo
que se unieron en palabras de aforismo.
 
Sonsón reúne permitidos requisitos
para dos veces acoplar son, exquisitos.
Un mundo aparte y en contacto con el Orbe,
sin hollín y sin urbe mayor que estorbe. 
 
Oh Sonsón de los mayores, ya anticipa,
con alquilatada expresión que emancipa,
honra antioqueña de enarbolar airoso
 
y refrenda augur presente prestigioso, 
futuro diamantino, de un pasado en oro,
presagian sus obras holgura y tesoro.*
 
 
*La redacción está fiel al autor y hacemos esta publicación con su autorización. Todos los derechos reservados.
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